Homilía del Padre Austin Walsh en el 80mo Aniversario del Santuario de San José

Abril 24 de 2004

Estamos aquí en el 80mo aniversario del Santuario de San José, para celebrar y recordar.

            En nuestra primera lectura del Libro del Génesis, Jacob experimenta a Dios en una de esas teofanías divinas que suceden a lo largo de las Escrituras Hebreas.  En aquel tiempo, el pueblo judío se aseguraba de levantar alguna seZal, un santuario, una manera de recordar que ese era un lugar en el cual habían tenido un encuentro con Dios.

            La iglesia en sus comienzos no hacía eso. Los primeros cristianos eran considerados criminales y por eso no podían construir iglesias; se reunían en sus propias casas, al amanecer, para celebrar la Eucaristía. Ellos entendían claramente algo que nosotros habíamos olvidado, hasta que el Vaticano II nos lo recordó, que la Iglesia no es un edificio, sino que la Iglesia es el Pueblo de Dios. Y la Iglesia primitiva lo entendía intensamente, se reunían en secreto, no celebraban públicamente, pero eran la Iglesia. No fue sino hasta el Edicto de Milán cuando los cristianos comenzaron a ser tolerados y la cristiandad fue hecha la religión del imperio, que fueron construidas las iglesias y el Pueblo de Dios celebró abiertamente. Fue después, en especial durante la Edad Media, cuando las iglesias comenzaron a ser asociadas con eventos milagrosos y los peregrinos llegaban  para ver y compartir las maravillas.

            En este Santuario de San José no ha habido eventos milagrosos en el usual y estricto sentido de la palabra. Pero sí tuvo lugar un evento milagroso: un hombre de Dios, el Padre Tomás Judge, creyó que éste podría ser el lugar en donde el pueblo compartiese la experiencia de Dios, el lugar en donde pudiesen ser llamados a hacer misión, y de manera más especifica, el lugar especial en donde y desde el cual, él pudiese ayudar a los inmigrantes, ante todo a los italianos, en el área de Nueva York en donde él y sus seguidores, pudiesen ser encontrados.

            Este Santuario ha dado un giro completo.

            También vino aquí a proveer a los laicos de un lugar en donde pudieran entender lo que es la Iglesia en realidad, algo extraZo por aquellos días, cuando todavía la mayoría de la gente relacionaba a la Iglesia con los edificios. El Padre Judge creyó que cada católico era un misionero y creía intensamente que la Iglesia es cada uno que ha sido bautizado. Si usted está bautizado, usted es la Iglesia; y si usted es la Iglesia, está llamado a misión.

            Por tanto, venimos a recordar que el Santuario de San José fue iniciado por un hombre que en realidad no sabía cuanto futuro podría éste tener. No olvidemos que cuando el Padre Judge murió en 1933, el grupo que se convirtió en los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad consistía en tres sacerdotes, y unos pocos Hermanos. Eso no lo detuvo. Tenía Hermanas, pero no muchas. A su alrededor estaba la mayoría de seguidores, quienes fundaron el grupo de La Familia del Cenáculo Misionero, el “Cenáculo Externo”, y el Apostolado del Cenáculo Misionero desde el cual las dos congregaciones y el Instituto Misionero de la Beatísima Trinidad, se desprendieron. Pero él tenía esperanza en abundancia.

            Confiaba en la providencia de Dios, y pensaba en grande. Con los pocos seguidores que tenía se responsabilizó de las escuelas en Puerto Rico y otros trabajos, pues creía profundamente que estos eran los trabajos de Dios y que Dios proveería cuanto fuese necesario.

            Como no hemos venido aquí a rememorar milagrosas curaciones que hayan ocurrido a lo largo de los aZos, no al menos en el sentido tradicional de milagro, sí sabemos que muchos milagros en otro sentido han tenido lugar aquí: la gente se ha reconciliado, han comprendido que son amados por Dios incondicionalmente, y se han dado cuenta, en el estricto sentido de la palabra, que ellos son la Iglesia. Recordemos que el Padre Judge estaba convencido que cada uno está llamado a misión y que aquí en el Santuario de San José, tal convicción fructificó  milagrosamente y en cantidad.

            La segunda lectura, es una con la cual el Padre Judge se podría identificar: ‘Tú eres el templo de Dios’, ¡Tú!. Y luego, San pablo pregunta: ‘¿No te has dado cuenta que el Espíritu de Dios mora en ti?’

            Las bases de la enseZanza social de la Iglesia, no son la Constitución de los Estados Unidos, ni los Documentos del Vaticano II. El fundamento de nuestra doctrina social se basa en el hecho de que cada uno es un tabernáculo de Dios Santímo. Porque cada ser humano es ‘Templo de Dios’, deberíamos arrodillarnos los unos ante los otros.

            Por ello, lo que hacemos en esta iglesia ha de ser repetido afuera. No es bueno venir tan sólo a alabar. No es bueno venir tan sólo a celebrar la Eucaristía, a menos que ‘seamos’ Eucaristía para el mundo, a menos que permitamos ser partidos y derramados por nuestros hermanos y hermanas. A todos.

            El rabí Abraham Heschl dijo una vez, ‘algunas cosas en la vida son santas, muchas cosas en la vida son preciosas’. La humanidad, como el lugar santísimo, es una cosa preciosa. Es cuando descubrimos, que lo que hacemos como Iglesia, lo que ofrecemos como alabanza y oración a Dios, tiene sentido. En efecto, hablando desde las Escrituras, Dios dijo ‘Escuchen, yo no deseo sus sacrificios en el tabernáculo si ustedes son injustos. No deseo nada que no tenga sentido. Todo ese incienso es nada si ustedes no hacen justicia’. El Padre Judge nos llamó a la  alabanza que se desborda en el  ministerio. Somos llamados a ser Iglesia no solo en el  templo sino también en el mundo.

            ¿Recuerdan el incidente en el Evangelio, cuando los discípulos de Juan el Bautista vinieron a Jesús y le dijeron, que en realidad ellos no pensaban que El era lo suficientemente fuerte para ser el Mesías? Ellos le preguntaron, ‘¿Eres tú él que ha de venir o tendremos que buscar a otro? ¿Estamos perdiendo nuestro tiempo?’ ¿Qué les dijo Jesús?  El no les dijo: ‘Yo soy la segunda persona de la Santísima Trinidad. Yo existo desde la eternidad’.  El les dijo, ‘Vayan a decirle a Juan lo que han visto y oído: los sordos oyen, los ciegos ven, los lisiados caminan, y sobretodo, a los pobres se les predica el Evangelio’.

            Esa es la manera real que nosotros somos, es la forma de rendir homenaje a la memoria del Padre Judge en los 80 aZos del Santuario.

            Si algunos vienen esta noche a esta iglesia y dicen, ‘¿Es ésta la iglesia de Cristo o debemos buscar en otra parte?’  No van a estar impresionados por argumentos teológicos, por más verdaderos que ellos sean. Ellos creerán que somos la Iglesia de Jesucristo si les decimos, ‘Bien, hablamos a la gente de la presencia de Dios. Nosotros les abrimos sus oídos a la Palabra de Dios. Nosotros les damos coraje y fortaleza para que puedan dar el próximo paso, en conocer su necesidad y empiecen el camino de la conversión. Y sobre todo, nosotros predicamos el Evangelio a los pobres.’  Luego nosotros somos Iglesia.  Luego nosotros somos la gente del Santuario de San José.

            Este Santuario ha cambiado de muchas maneras a través de los aZos, pero nunca ha cambiado su énfasis en el llamar a la gente al ministerio, ni su énfasis en el llamar al pueblo a orar.  Esto es a lo que recurrimos, y es como honramos la memoria del Padre Judge, llamando a la gente al ministerio. El milagro real aquí consiste en que sentimos, y hacemos que otros  sientan, que somos la Iglesia y que cada uno de nosotros es un apóstol.

            ‘Hay diferentes dones’  pero es el mismo Espíritu el regalo para todos nosotros. Permítasenos continuar el ministerio en el Santuario de San José. Oremos a Dios para que llame a jóvenes a nuestras comunidades, a la Familia del Cenáculo Misionero, y así podremos continuar este ministerio. El Padre Judge estaba convencido que continuaría, y que continúe es también nuestra convicción.

            Anoche tuvimos un banquete como parte de la celebración. La gente del Santuario, todos los que oran y hacen ministerio aquí, vinieron a demostrar su aprecio a los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad, sobre todo a aquellos que viven en el Santuario. Ellos ofrecieron un hermoso testimonio a nuestros cofrades, algunos de los cuales empezaron a esconderse debajo de sus sillas, debido a la vergüenza. Uno de ellos comentó más tarde, ‘¡Nunca pensé tener un elogio tan pronto!’. Este testimonio público a mis cofrades, quienes tocan las vidas de tantísimas personas, me tocó profundamente. Cuando tocamos sus vidas, ustedes tocan también las nuestras. Por favor, recuerden eso, y recuerden que cuando ustedes salen de la iglesia, ustedes continúan siendo Iglesia. 

 

La única razón del edificio es proveer un lugar donde la iglesia se pueda reunir, donde la iglesia pueda orar, donde la iglesia pueda ofrecer el sacrificio..Cuando celebramos la Eucaristía, ustedes se convierten en Eucaristía para este mundo que anhela las buenas nuevas sobre el amor y la salvación de Dios.

            Pero somos una iglesia en transición. Somos una iglesia con muchos problemas. Somos una iglesia, a demás, que debe de mantener sus ojos en Jesús, con la seguridad siempre de que El nos está cuidando.

            Algo fácil seria retroceder. Regresar es un viaje seguro porque tú sabes para donde vas, porque ya has estado allí antes. Pero avanzar requiere fe y confianza.  Y es el Espíritu llamándonos hacia el futuro a quien tenemos que escuchar

 

            En el libro llamado ‘Tradición’ que el teólogo Jaroslav Pelican escribió hace muchos aZos,  planteó esta pregunta y la contestó: ‘¿Cuál es la diferencia entre tradición y tradicionalismo? Tradición es la fe viva de los muertos. Tradicionalismo es la fe muerta de los vivos.’

            Luego nosotros, mis hermanos y hermanas, que hemos muerto con Cristo, estamos llamados a vivir  fe, a confiar en el Espíritu de Dios. A lo largo de los siglos la Iglesia ha estado atravesando dificultades, la Iglesia ha tenido que hacer penitencia, la Iglesia ha tenido que admitir sus pecados. Pero la Iglesia, y nosotros que somos esa Iglesia, sabemos que el Espíritu de Dios habita en ella, en nosotros, y que el Espíritu Santo nos llama a un futuro que nos hace unos con Jesús, nuestro Redentor. 

Fin